Los días son catorce, son treinta y cinco, son infinitos. Todos y cada uno han pasado tan rápido que apenas tienes tiempo en el día para tus distracciones. Y han pasado rápido, y al mismo tiempo despacio. Y cuando te quieres dar cuenta son las ocho de la tarde, y sales a aplaudir. Y aun no te ha dado tiempo a hacer ejercicio o a leer ese capítulo del libro que te has propuesto acabar, y que no has empezado. Pero tienes todo el tiempo del mundo, y no tienes ninguno. Y hace un siglo que empezó todo esto, pero solo fue el mes pasado. Has perdido el hábito de salir y hoy, al ir a hacer la compra, has olvidado las llaves de casa. ¿Será hoy jueves? No, es viernes. Por eso has salido a hacer la compra. Por lo demás, el día es exactamente igual a cualquier otro. Y vuelves a casa tan rápido como puedes, impresionado un día más por las caras embozadas, cuyos ojos, asomando por encima del barbijo, no tienen la expresividad de un rostro completo. Pero son ojos que te dicen que te largues...
"La ideología es una camisa de fuerza que impide el fluir del libre pensamiento" (Américo Castro)